Todo empezó en 1995, cuando mi papá trajo la primera computadora a la casa. Yo tenía seis años y mi juego favorito consistía en borrar carpetas del sistema «a ver qué pasaba». Windows se moría y había que revivirlo una y otra vez. Mis padres, en vez de esconderme el teclado, siguieron confiando en mí. Sin saberlo, con esa paciencia estaban pagando mi primera escuela de tecnología.
Antes de que Reyes Project tuviera nombre, era yo: un chamo de dieciséis años en Anaco que no le tenía miedo a los aparatos. La gente volvía, y no volvía por el arreglo: volvía porque salía entendiendo. El comentario que corría de boca en boca era «este muchacho sabe». En 2008 aquello se convirtió en mi primer oficio.
Anaco me formó de punta a punta: estudié en la Escuela Anaco PDVSA, que en mi infancia era la Escuela Corpoven, en el Liceo Roberto Castillo Cardier y en la Universidad de Oriente, donde empecé en el núcleo de Anaco y me gradué de ingeniero industrial en el de Barcelona. Y nunca solté lo primero: arreglar, formatear y actualizar laptops y equipos de escritorio, atender mesas de ayuda, resolver. Esa paciencia de soporte es la misma que meto en cada web.
Después la vida agrandó el mapa: ingeniero industrial, logística internacional, sistemas para fábricas y hospitales en más de diez países, de Venezuela a Japón. La tecnología cambia de idioma y de moneda; las personas necesitan lo mismo: alguien de confianza que les diga «tranquilo, esto tiene solución». Y debajo de todo hay un fundamento que no me da pena decir: mi fe. Reyes Project tiene propósito.
Alexis Reyes, ingeniero, Anaco.
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